Artrosis en la rodilla

Artrosis de rodilla

Como ya sabrás, la rodilla es la articulación más “débil” del cuerpo, entre otras cosas, por su “inestabilidad”. Además, frecuentemente desarrolla artrosis. El principal motivo es que es una articulación “de carga”; es decir, tiene que soportar el peso del cuerpo y el peso de los objetos que transportamos cuando permanecemos de pie, o cuando nos desplazamos caminando, corriendo, subiendo o bajando escaleras.

La artrosis de rodilla es rara en gente joven, a no ser que hayan sufrido un problema previo en la articulación (fractura o traumatismo, lesión meniscal…) que favorezca la aparición de una artrosis como complicación. Aunque, sin embargo, si eres deportista y/o si eres mujer, puesto que los cambios hormonales la favorecen, es fácil que la padezcas.

El síntoma fundamental del paciente con artrosis de rodilla es el dolor. Al principio, muy leve, sólo aparece cuando se ha realizado una actividad física muy importante (por ejemplo, después de una larga caminata) y cede con reposo. Cuando ya se ha establecido, se acusan mayores molestias cuando se empieza a caminar, mejorando los síntomas después de llevar un rato andando, una vez que la articulación “entra en calor”. Al dolor se le añade una sensación de rigidez y de dificultad para flexionar y extender la pierna, que, al igual que el dolor, es también más intensa después de haber permanecido mucho tiempo en reposo (sentado o tras dormir en la cama). Otro síntoma es una sensación de chasquido, que se produce al flexionar la rodilla. El dolor en la rodilla es mayor cuando se sube y se baja escaleras, cuando el paciente se pone en cuclillas y cuando se camina por un terreno irregular. Síntoma igual al de la condromalacia rotuliana.

La rodilla con artrosis no suele doler cuando se permanece en reposo, ya que el dolor guarda relación con los movimientos. Sin embargo, en artrosis más severas, se pueden notar síntomas incluso en reposo. Además, en la evolución de la artrosis se pueden producir episodios de descompensación, a veces relacionados con un esfuerzo físico mayor del habitual en los que el dolor se reagudiza, se hace continuo e incluso la rodilla se hincha por formarse un derrame. ⬇︎

En los casos en los que la artrosis no se controla y se alcanzan fases más avanzadas de la enfermedad, además del dolor, que se hace más continuo e intenso, se sufre una disminución en los movimientos que puede realizar la rodilla (por ejemplo, no puede flexionar o extender completamente). También pueden aparecer deformidades y alteraciones en la alineación de los huesos, con arqueamiento de la extremidad inferior. En estas artrosis más evolucionadas es habitual que se cojee al caminar y que la rodilla se debilite, notando una sensación como que “la rodilla falla” al dar los pasos.

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